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¿Querés conocer más? Hagamos un rápido recorrido:
El macerado es la primera etapa de nuestro proceso, allí combinamos agua caliente con granos de malta triturados. Al molerlos, facilitamos el acceso del agua al almidón, que se encuentra como una gran cadena de azúcares. Mediante la acción enzimática natural de los granos, esta cadena de almidón se rompe en segmentos más pequeños, convirtiéndose en azúcares fermentables. Este proceso es esencial para obtener los sabores y características deseadas en nuestras cervezas artesanales
Después del macerado, transferimos el mosto y la pasta de grano a otra olla, donde se filtra cuidadosamente para extraer todo el jugo posible de cada grano, permitiendo liberar el almidón y azúcar presentes en la cáscara. Este minucioso lavado asegura que cada grano contribuya al máximo con su potencial de sabor y dulzor. Posteriormente, el mosto lavado se lleva al hervidor, donde ocurre una ebullición clave que esteriliza el líquido y desencadena múltiples procesos. Además de generar el color deseado y evaporar ciertos compuestos de sabor no deseados, se coagulan proteínas y se desencadenan cambios químicos fundamentales para obtener el perfil de sabor deseado.
Una vez que el mosto fue lavado y filtrado, lo llevamos al hervidor y lo sometemos a un vigoroso hervor. Durante este proceso, se generan múltiples efectos que son esenciales para el desarrollo del sabor y las características de nuestra cerveza: en primer lugar, el hervido tiene una función de esterilización, asegurando que el mosto esté libre de microorganismos no deseados que puedan afectar la calidad del producto final. Además, el hervor nos permite controlar y ajustar el perfil de sabor, dado que algunas sustancias indeseables se evaporan y ciertos compuestos reaccionan químicamente para generar sabores más complejos y deseados. Además, durante el hervido se produce la adición de lúpulo, lo que aporta el amargor y los aromas característicos a nuestra cerveza.
Una vez finalizada la ebullición, trasladamos el mosto a una olla especial donde creamos un remolino mediante el uso de una cuchara o agitador. Esto provoca que todas las proteínas coaguladas durante el hervido se concentren en el centro de la olla y luego decanten. De esta manera, logramos una separación de los sólidos en suspensión, asegurando que el mosto quede más limpio antes de pasar al siguiente paso. En esta instancia, también es el momento de agregar el lúpulo, siendo una fase fundamental para las cervezas lupuladas, donde se realiza una significativa adición de lúpulo.
Después del hervido y Whirpool enfriamos rápidamente el mosto, que se encuentra a alta temperatura, alrededor de 80-85 grados; a aproximadamente 17-16 gracos, utilizando un enfriador de placas. Este proceso es esencial para preparar el mosto para la fermentación, asegurando un ambiente óptimo para que la levadura fermente los azúcares presentes. El enfriado controlado garantiza la calidad de la cerveza al prevenir la contaminación y contribuye a obtener una cerveza con sabores y características deseadas. Una vez enfriado, el mosto está listo para ser transferido al fermentador, donde la magia de la fermentación transformará los azúcares en alcohol y dióxido de carbono, creando así nuestra cerveza única y distintiva.
Después de enfriar el mosto lo transferimos al fermentador, donde la levadura comienza su trabajo mágico de transformar los azúcares presentes en alcohol y dióxido de carbono. Durante los primeros 2 o 3 días, mantenemos una temperatura controlada para asegurar una fermentación inicial óptima. Luego, liberamos el control de la temperatura y permitimos que la fermentación continúe a una temperatura ideal para lograr el sabor deseado en nuestra cerveza. Este proceso es esencial para desarrollar los perfiles de sabor y las características únicas de cada estilo de cerveza que elaboramos. Una vez que la fermentación finaliza, el resultado es una cerveza deliciosa y lista para pasar a la siguiente fase de madurado, donde sus sabores se perfeccionarán aún más antes de ser embotellada.
Después de completar la fermentación, la cerveza se traslada a un ambiente de maduración donde se le permite reposar durante un período determinado, según cada estilo. Durante esta fase, los sabores y aromas continúan desarrollándose y armonizándose, permitiendo que la cerveza alcance su máximo potencial en términos de sabor y calidad.
La etapa final es crucial en la elaboración artesanal. Una vez que la cerveza ha completado su período de madurado, procedemos a clarificarla y eliminar cualquier sedimento o partícula sólida restante. Utilizamos técnicas de filtrado en frío, donde enfriamos la cerveza a temperaturas más bajas para facilitar la sedimentación y aglutinación de las partículas no deseadas. A través de este proceso, conseguimos obtener una cerveza más clara y limpia, que realza sus colores y permite que los sabores y aromas se destaquen de manera más nítida. Finalmente, una vez completado el filtrado en frío, la cerveza está lista para ser embotellada o servida, ofreciendo a nuestros clientes una cervecera refinada y de alta calidad como es la nuestra.
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